La educación financiera sigue siendo una asignatura pendiente

Elisabet Ruiz Dotras, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

A pesar de que la incertidumbre generada por la pandemia ha permitido incrementar las tasas de ahorro de las familias españolas durante varios trimestres, España continúa manteniendo una tasa de ahorro de las más bajas dentro de la Unión Europea. El ahorro es todavía la asignatura pendiente.

Se mezclan diferentes factores que explican la falta de ahorro. Por un lado, es un país con sueldos muy bajos si los comparamos con otros países desarrollados y, en cambio, el precio de la vivienda es elevado. Además, recursos básicos como la electricidad y el gas también son caros, junto con un nivel impositivo también elevado. A ello se añade que el nivel de educación financiera es mucho más bajo que en otros países europeos y por tanto, al tener menos conocimiento, las decisiones suelen ser menos adecuadas y se paga un precio más alto por la financiación.

Por debajo del promedio de la OCDE

PISA comenzó a evaluar la competencia financiera en la edición de 2012 y en las tres ediciones que se ha llevado a cabo el estudio España continúa situándose por debajo del promedio de los países de la OCDE. En la última edición del 2018, países como Estonia, Polonia, Letonia, Lituania o Rusia alcanzan mejores resultados en esta competencia. En el informe de la OCDE de 2018 se señala de nuevo la necesidad de mejorar los niveles de educación en materia financiera, incidiendo tanto sobre la población joven como sobre la adulta.

Actualmente, tanto el Banco de España como distintas entidades financieras han creado contenidos financieros en internet. Sin embargo, para desarrollar una capacitación financiera es necesario ir más allá. Se requiere de una toma de conciencia para cambiar actitudes y comportamientos y así tomar decisiones financieras óptimas para cada uno. Y para ello es importante desarrollar estas habilidades tanto en el núcleo familiar como en el sistema educativo de primaria, secundaria e incluso a nivel universitario.

La educación financiera y el emprendimiento

Las crisis siempre conllevan una destrucción de puestos de trabajo de forma masiva. Se vio con la crisis del 2008 y de nuevo con esta pandemia. Mantener y recuperar los niveles de empleo elevados se ha convertido en un objetivo imposible para muchos gobiernos.

Más allá de políticas que ayuden a impulsar la creación de empresas, es importante cultivar en el sistema educativo una cultura para emprender, donde el fracaso se vea como un aprendizaje y las finanzas aporten seguridad y solidez a una idea o proyecto. La Comisión Europea señala que uno de los primeros retos a los que se enfrentan los emprendedores es la complejidad y dificultad de las finanzas y el acceso a los mercados financieros.

Así pues, hacen falta políticas que ayuden a educar más y mejor a la sociedad en general, y en especial a las mujeres, en todos aquellos temas que rodeen las finanzas y el riesgo, con el fin de tener personas más preparadas para iniciar nuevas actividades empresariales y también para que la diferencia de género en el ámbito del emprendimiento sea menor.

Cultura financiera: responsabilidad compartida

La alfabetización financiera de la sociedad es una responsabilidad compartida de las familias y también de los gobiernos. Hacen falta, pues, políticas que acerquen este conocimiento a la sociedad y que se haga ya en edades muy tempranas. Además, este proceso debería realizarse tanto en el núcleo familiar como en las escuelas.

Los progenitores juegan un rol primordial dado que los hijos tienden a repetir patrones de comportamiento de sus referentes. No obstante, a menudo son los propios padres lo que carecen de conocimientos suficientes para educar correctamente a sus hijos en temas económicos y financieros. Por ello también es necesario la implicación de los sistemas educativos, puesto que educar financieramente acaba siendo una responsabilidad compartida en un país.

Es necesario que los más pequeños aprendan pronto el valor del dinero, cultiven la paciencia financiera y desarrollen el hábito del ahorro para poder evolucionar hacia una sociedad inteligente financieramente, con el fin de conseguir el bienestar social.

Los mileniales y el gasto

Paralelamente, hay que señalar que los jóvenes mileniales pertenecen a la sociedad de la digitalización y la inmediatez. Esto tiene su lado bueno, pero también sus consecuencias negativas: el uso del dinero y el gasto se convierten en algo rápido y fácil sin tener mucha conciencia de sus consecuencias. Por eso es necesario educarlos financieramente, para que aprendan a gestionar sus finanzas personales adecuadamente, sepan tomar decisiones financieras óptimas y tener comportamientos económicos adecuados.

Así pues, avanzar en la educación financiera de la sociedad de forma compartida es cada vez más necesario e imprescindible, pues se acerca un cambio de paradigma en el sistema económico y financiero actual que implicará desde la desaparición de monedas y billetes físicos a cambios en el sistema tecnológico de las transacciones, pasando por la aparición de nuevas divisas como medio de pago.The Conversation

Elisabet Ruiz Dotras, Profesora en finanzas, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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